25 de noviembre, un día para reclamar justicia y romper el silencio

Gabriela Eraso Villota – 2018-12-03

Por: Gabriela Eraso Villota 

“Quisieron matarnos, pero nos convirtieron en semillas”.

Fotografía: Gabriela Eraso V – Bogotá

El 25 de noviembre, aproximadamente a la una de la tarde, llegó al Parque Nacional de la ciudad de Bogotá una marcha de mujeres diversas que protestaba contra todas las formas de violencia de las que son víctimas por razones de género.

En el lugar, varios actos simbólicos recibieron la marcha: las performances “Mujeres rompiendo el silencio” y “Por ellas nos rapamos”, propuestos por la Corporación Colombiana de Teatro. Mujeres lideresas, estudiantes y artistas se unieron para convocar y exponer al público el reclamo de justicia por el incremento de los feminicidios y el asesinato de lideresas en Colombia.

Expresiones como el teatro, la danza y la música fueron las vías de narración del dolor causado por la violencia, de la amargura por el asesinato de una compañera y de la unión de mujeres que se resisten a la guerra, convirtiendo sus sensaciones, palabras y conocimientos en dramaturgias, miradas, cuerpos y silencios que gritan paz.

Como dijo Bertolt Brech: “El arte no es un espejo para reflejar la realidad, sino un martillo para darle forma.” La puesta en escena fue un martillo que conmovió al público y reveló a unas actrices llenas de fuerza que mostraron el poder transformador de las artes para dar forma a un mundo más justo para las mujeres.

La dirección de estos espacios estuvo a cargo de Patricia Ariza y Nohora González, dos artistas que, desde las tablas del Teatro La Candelaria y desde la fundación de este movimiento cultural y experimental, llevan años aportando la visión de las mujeres a las artes escénicas colombianas.

Nohora González, una de las directoras habla de estas performances.

¿Cómo surge la idea de “Rompiendo el silencio”?

La Corporación Colombiana de Teatro ha tenido una preocupación profunda por preguntarse y reflexionar por el papel de la mujer en todos los ámbitos sociales y políticos como la paz y el género. Entonces se creó la “Escuela de mujeres” que quería invitar a participantes de diferentes edades, condiciones sociales y a algunas líderes de diferentes localidades, a reflexionar sobre lo que ha significado la labor de la mujer durante la historia y unir toda esa información en un hecho artístico que pudiera dar cuenta de todo este aprendizaje teórico y que a nivel corporal pudiéramos hacer una exploración de lo que sentíamos y eso, indudablemente, nos fue llevando a hablar de un hecho supremamente doloroso que es el asesinato de las líderes sociales. 

Como ella lo narra, fue un trabajo de varios meses durante el cual se descubrieron otras preocupaciones de las participantes como el derecho a la salud, el derecho al aborto libre y seguro, el derecho de ser las dueñas de sus cuerpos y sus destinos, la necesidad de políticas públicas eficaces para las mujeres, el derecho a que se cumpla el Acuerdo de paz y el derecho a una educación pública y a una vida libre de violencias. “Eran las voces de todas las mujeres hablando de todas estas realidades tan dolorosas, como una manera de protestar y de resistir y de decir: aquí estamos las mujeres y seguimos en la lucha por los derechos humanos.”

¿Qué expectativas tienen las mujeres que se presentaron en “Rompiendo el silencio”?

Este fue un proyecto de un grupo numeroso, 36 mujeres, más los docentes de danza, de canto, de teatro, de voz, las directoras y varios conferencistas. Fue ayudado económicamente por FOKUS y tuvo ayudas también de la Alcaldía. La idea es seguirnos presentando, seguir moviendo este trabajo. Sabemos que va a ser mucho más difícil, pero queremos llevarlo a muchos lugares y espacios.

¿Por qué elegir la creación colectiva como técnica para hacer este acto performático?

Patricia Ariza, como directora general de todo el proyecto, y yo, que también estuve haciendo dirección, venimos de la formación artística del Teatro la Candelaria. Patricia es fundadora y yo llevo 20 años en el grupo, y una de las maneras como abordamos la creación artística es a partir de la creación colectiva porque consideramos que permite la posibilidad de que las voces de los integrantes del grupo estén presentes, no solamente la voz de la dirección.

La creación colectiva para mí es una pelea contra ese individualismo atroz que nos está aprisionando. Es seguirle apostando a que unidas podemos hacer muchísimas más cosas que separadas y eso uno lo ve claramente en el resultado artístico. Cada una ha puesto su granito de arena para crear esa totalidad y eso obviamente hace que el sentido de pertenencia e identidad sea muchísimo más profundo.

¿Cómo nace la idea del acto “Por ellas nos rapamos”?

Cómo una iniciativa de Patricia Ariza. Propuso un acto de protesta y un acto de resistencia frente a lo que está pasando con las lideresas y el aumento de los feminicidios. Comenzó a pensar en la idea de raparse como un pequeño sacrificio y una manera de actuar y de protestar y entonces hizo la convocatoria. Finalmente fueron 11 mujeres las que decidieron raparse en compañía del Colectivo Peluqueras Asesinas, que fue una fusión muy interesante que logró armarse.

¿Por qué como acto de protesta eligieron raparse?

A las mujeres nos venden un diseño de belleza, tenemos que ser monas, delgadas, de cabello largo, no puede haber gordas. Es como un gran ritual de yo doy mi cabello, que es algo muy importante para mí, como un mecanismo de atención frente a lo que está ocurriendo con las lideresas sociales.

Y por eso era tan doloroso. Ellas estaban absolutamente decididas, pero en el momento que comienzan las tijeras a hacer su trabajo, entraron en un choque muy fuerte y en un deseo de llorar porque era desprenderse de algo muy personal. Pero indudablemente era una ofrenda para todas esas mujeres y era una manera de seguir protestando. Por eso el cabello tiene tal grado de significado, era una cosa absolutamente real desprenderse de su cabello y mostrar otro tipo de belleza ya rapadas.

Quienes no decidieron raparse acompañaron y apoyaron a las otras, para que no se sintieran solas mientras todo el acto ocurría entre la conmoción del público, la música de un violonchelo y la construcción de una mándala que sería terminada con el cabello de las mujeres que no pudo ser donado.

Cuando el performance finalizó, cuatro participantes ofrendaron su cabello a un colectivo de mujeres víctimas de los ataques de ácido.

¿Cómo se puede hacer una reclamación de justicia para las mujeres a través del arte?

Uno se da cuenta del papel tan transformador que tiene el arte porque es una de las maneras de abrir reflexiones sobre lo que nos está sucediendo. Entonces, es la manera de hablar sobre todos estos temas tan dolorosos pero atravesarlos por el cuerpo y la voz de cada una de ellas.

Que toda esa información pase por el cuerpo, pase por tu voz, que lo puedas transformar en canto, en movimiento, en palabra, es muchísimo más potente que simplemente hacer una lectura de la situación. Por eso pedimos a las comunidades que entiendan que el arte es supremamente importante para los procesos que está viviendo el país y Latinoamérica, porque en el arte su voz se vuelve una amplificación del sentido.

Fotografías: Gabriela Eraso V – Bogotá